Hay talleres y talleres. Y ahora que Andada Foto está a punto de realizar su tercer Ver y Revelar, me es inevitable hablar de mi experiencia en este taller el pasado octubre.

Un viernes después de trabajar puse rumbo al Centro Calima, en la Sierra Calderona. Sabía que pasaría allí todo el fin de semana, pero desconocía lo que iba a encontrar, lo que todos los participantes íbamos a encontrar. Lo primero que encontramos fue un espacio diferente, en mitad de la naturaleza y en convivencia con esta. Un entorno tan especial que nos hizo evadirnos y olvidarnos prácticamente de todo.

Sin teléfonos, sin televisión, sin prensa. Solo nosotros, con nuestras cámaras, con nuestra expectación ante el curso y nuestras ganas.

Y ellos, el equipo de Andana Foto, Amparo, Javi e Ismael. No hacía falta nada más.

 

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Y aun así, había más, Pepín con su exquisita manera de cocinar, y Deva, la creadora de este entorno maravilloso, que nos hicieron sentir como en casa.

El lugar elegido por Andana Foto para impartir su taller, ese taller con un nombre prometedor, Ver y Revelar, no podía ser más acertado. Un lugar especial para un taller muy especial.

 

Creo que todos los que decidimos ir a este curso, lo único que tenemos claro, es  que no sabemos exactamente a qué vamos. Yo iba curiosa, sin ninguna meta en concreto, sin ninguna expectativa clara, solo un fin de semana diferente donde además mi cámara de fotos podía acompañarme.

Y una vez llegas, ves el entorno, los espacios, las sensaciones, cómo te reciben….sabes que sea lo que sea lo que vayas a hacer, lo vas a disfrutar. Y así es.

Empiezas por compartir, compartir los espacios vitales, las camas, las literas, las habitaciones sin puertas; apenas unas cortinas que permiten que todos los espacios estén llenos de luz y color. Como en los campamentos infantiles, rompiendo barreras.

Tras las presentaciones y la cena, acompañada de música, como no podía ser de otro modo en un taller cuidado al detalle, iniciamos la primera actividad. Una actividad lúdica que nos acercó a todos, que nos hizo bajar barreras, desinhibirnos y sacar nuestra parte de niños. Sin más, todos esos desconocidos que se habían visto por primera vez hacía apenas unas horas, tenían ya muchas cosas en común.

 

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Cuando llegas a Calima, al taller,  llegas con tus distancias, a oscuras, sin dejarte ver demasiado.

Y poco a poco todo va cambiando.Es difícil explicarlo, hay que vivirlo, porque las charlas, las actividades, los proyectos, las tertulias tras las comidas, los momentos compartidos de descanso, la colaboración entre nosotros para los retos que nos lanzan….Se crea un ambiente tan especial…

Y empiezas a ver diferente, con otro prisma, y descubres la fotografía desde otro punto de vista. Cada uno desde el punto de vista que quiere, que necesita, que siente.

 

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Ni que decir tiene, que para mí, los compañeros con los que coincidí le dieron  doble valor a este taller. Porque si algo es cierto, es que a este tipo de talleres que tienen algo más, que son diferentes, va gente con inquietudes, con ganas de compartir y de aprender, por lo que sales doblemente enriquecido. Y así fue en mi caso.

Y da igual si eres fotógrafo profesional, aficionado o si solo haces fotos con el móvil. Aquí, eso no es lo importante. La fotografía es solo el medio. Este taller, desde mi opinión, va más de personas, personas con inquietudes, con ganas de crecer y aprender.

 

No puedo olvidarme de la magia, la magia del revelado. Una parte del taller a la que yo personalmente no le daba especial importancia, o era lo que menos me atraía del taller, y que en cambio disfruté muchísimo. Más de lo que me imaginaba.

Descubrí lo especial que es revelar tu propia foto, disfruté de esa magia de ver aparecer de la nada una imagen, mí imagen.

Fue una noche larga y divertida donde todos participamos en el proceso de revelado de principio a fin. La diversión y las risas de esa noche estarán ya siempre en nuestros negativos.

 

Como he dicho al principio, el nombre del taller,  Ver y Revelar, es prometedor, genera expectativas, y en mi caso os puedo asegurar que no me defraudó, las cubrió ampliamente. Pero no solo a mí, he hablado con participantes del primer taller, y he coincidido posteriormente con compañeros del mío, y todos, absolutamente todos, coincidimos en que fue un taller especial y ninguno sabe explicar exactamente porqué.

Y además, todos salimos de allí con algún cambio, con algún objetivo en mente, además de con una mente un poquito más abierta y con ganas de seguir creciendo.

No se puede explicar, solo yendo, y disfrutando el taller se puede entender porqué todos los que hemos participado decimos que es tan, tan especial.

 

Sin duda, Ver y Revelar es, hasta la fecha, el mejor taller de Andana Foto. Y si algo tengo claro, al igual que todos los participantes, es que uno de los motivos por los que el taller es tan especial es por sus componentes, Amparo, Javi  e Ismael.

Sencillos, cercanos, haciendo fácil lo difícil, y siempre, siempre, ayudando a crecer. Nada como ser de verdad.