Hace algunos fines de semana tuve la ocasión de disfrutar  de una de las competiciones de Vela Latina que se realizan en l’Albufera.  Un tipo de vela, de embarcación, de tradición milenaria que está  a punto de convertirse en Bien de Interés Cultural.

Un domingo entre amigos que se convirtió en algo diferente, en algo especial.

Como no podía ser de otro modo, salimos desde el puerto de Catarroja, en cuyo embarcadero, nuestro anfitrión, tenía su barca.

 

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El puerto de Catarroja conecta directamente con el Parque Natural de l’Albufera.

Son tan solo veinte minutos de paseo en barca por el canal lo que separa el puerto del lago. Un canal festoneado de cañas y carrizos, y rodeado de campos de arroz que no te deja indiferente. Es un privilegio tener algo así al lado de casa.

 

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Cuando menos te lo esperas el canal se abre, y ante tus ojos se abre una explanada de agua inmensa, llena de brillos y colores que te llena los ojos y te llena de calma. Y vuelves a sentirte afortunado por tener tan cerca algo tan grande.

Sí, soy valenciana. Sí, el puerto de Catarroja es mi puerto. Sí, me gusta la naturaleza. Pero dudo que este sea el motivo de mi emoción. No creo que haya nadie que pueda vivir la experiencia de un paseo por l’Albufera y quedarse indiferente. No quiero creerlo.

 

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Pasear en barca por l’Albufera ya es de por sí especial. Los brillos del agua con el sol de la mañana, los colores, el silencio…

Ese silencio que te envuelve en medio del lago y te hace libre. Y pequeño, muy pequeño en la inmensidad del lago. Porque es un silencio que abruma, un silencio al que no estamos acostumbrados, un silencio, que te enfrenta contigo mismo.

Así lo he sentido yo cada vez que he paseado por sus aguas.

 

Por suerte, en esta ocasión iba muy bien acompañada y el silencio se mezclaba con las risas de los niños y las explicaciones de nuestros anfitriones.

 

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Escobar, como le conocemos todos, compite habitualmente en la Vela Latina. Es una de sus pasiones, y este año por circunstancias no competía, así es que fue el artífice de este domingo que nunca le agradeceré lo suficiente.

Porque si tienes la oportunidad de pasear por l’Albufera y además ver una competición de Vela Latina, tendrás imágenes ante tí que querrás guardar en tu memoria.

 

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Ver una veintena de barcas alineadas a la espera de que el juez de la salida. Sus reflejos en el lago, el brillo de los rayos de sol en el agua. Sentir la emoción de ver cómo todas a la vez despliegan sus velas y esperan que el viento se deje sentir en esas telas que son su único motor.

 

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Es bonito y emocionante.

A veces el viento no es favorable, como ocurrió este domingo, y no hay más que esperar pacientemente a que este arrecie un poco para poder llegar al destino.

 

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Mientras, algunos de los que disfrutábamos de la competición, aprovechamos para alejarnos y tener una vista diferente de las barcas. Parecían barquitos de papel.

 

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Y como no, para perdernos por los canales de este parque natural y poder así disfrutar de su fauna y sus rincones.

 

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Un domingo que pasará a estar entre mis recuerdos especiales por la compañía, esos amigos de siempre y para siempre, y por todo lo que el día nos deparó.

 

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En esta ocasión ha sido Ximo Escobar quien ha hecho que se cumpla uno de mis deseos, disfrutar de una competición de Vela Latina. Y además, en primera línea y pendiente de que tuviera la mejor vista. Mil gracias.

 

Un día, que ya conforma uno de mis retales.

 

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