Sabía que ella aceptaría mi juego, que me diría que sí, y no me equivoqué. No dudó ni un segundo, un sí rotundo con una de sus preciosas sonrisas.

Intuía que el mar sería protagonista en su elección. Ese mar que tiene tan cerca, que la vio nacer y al que, cuando le falta el aire, se acerca a respirar y a curar sus heridas. El mar y una mantilla española debían ser los protagonista de su foto. El mar, porque le fascina, y la mantilla, porque la acerca a esas tradiciones del sur que tanto le gustan. Hablamos varias veces para saber qué era lo que buscaba en esa foto, y aunque inicialmente la idea era una, el contraste de la tradición con lo moderno, terminó saliendo algo totalmente diferente.

Su sí me permitió volver a jugar con mi cámara, me invitó de nuevo a imaginar imágenes, a crearlas, a hacerlas reales, y a disfrutarlo doblemente al ver que ella imaginaba conmigo.

Fue un juego, un juego matutino ante la mirada curiosa de los pescadores que apostados en la espigón de la playa repartían su atención entre sus quehaceres y nuestros movimientos. Esa mañana les tuvimos entretenidos.

 

 

 

Empezamos con muchas ganas, pero un poco perdidas y sin terminar de encontrar lo que realmente buscábamos. Al menos yo. Lo vimos casi al final, y cada una de un modo, pero nos servía. Porque aunque esto es simplemente un juego, si no lo veo, si las fotos que hago no me transmiten nada, no me gustan o no son lo que esperaba…..me bloqueo, no me sale,deja de tener sentido.

 

 

Un par de canciones que nos inspiraba el entorno sirvieron para entonarnos y jugar con la metáfora de esas promesas que como cantos de sirena a veces nos atrapan. Promesas que de manera sutil e imperceptible, nos limitan y no nos permiten ser libres del todo…

 

 

Dejar de oír esos cantos, dar un paso adelante, dejar esa marea al lado, te deja sin fuerzas… Te deja perdida, ausente y sin rumbo. Pero como se suele decir,  tras la tempestad llega la calma, y siempre surge algo nuevo, algo diferente. Porque siempre hay cosas por venir, y siempre, siempre, hay un modo distinto de ver e interpretar las cosas.

 

Creo saber en qué momento preciso ella entendió esta metáfora. La vi, y la pude sentir a través de la cámara. Sí, sí, sentir,  a través de la cámara se puede sentir.

Hoy le regalo lo que vi, con mi mirada, diferente a la suya, para que se vea distinta, para que se vuelva a ver.

Y le doy las gracias por aceptar esta locura y vivirla conmigo con la misma intensidad que yo, sin más motivo que porque sí, porque nos apetecía. Espero que entre todas esté su foto, la que buscaba. Yo tengo la mía, mi preferida, y sé que no es la suya. Fascinante lo diferente de las miradas. Os invito a que elijáis la vuestra.