Tengo una hermana, y una enorme sonrisa asoma en mi cara cada vez que veo una foto de las dos juntas cuando éramos unas niñas. Cuando éramos capaces de pasar del amor al odio en menos de un segundo, cuando compartíamos muñecas y cuando no, cuando ella quería ser la mayor y yo lo pequeña.

Amigas o enemigas, dependía del día, pero siempre hermanas.

Por esa nostalgia de los recuerdos de la niñez, esa época feliz que todos los niños deberían tener, el reportaje de estas dos pequeñas me ha parecido especial.

Hermanas, hay un lazo en esa palabra más fuerte que la delicadeza que la propia palabra “lazo” describe.

 

 

Como dos niñas que son, les encantó perderse en el bosque y enseñarme como cuchichean entre ellas cuando no quieren que nadie se entere de sus cosas. Sus risas, esas risas francas que te hacen esbozar sonrisas continuas, llenaron nuestra tarde. Risas de niñas felices.

Qué bonita puede ser la infancia ¿verdad?. Captar esa tarde, ese juego entre ellas, esa complicidad y poder ofrecerles este recuerdo me parece un regalo.

Estoy segura de que dentro de muchos años, cuando vean alguna de estas imágenes sonreirán y recordarán lo felices que fueron de niñas teniéndose la una a la otra.

Imágenes que traen sonrisas.